Prisionero de mis zapatos, Juan Carlos Carrero Santamaría
Este libro de Juan Carlos es un dulce caramelo para una tarde noche tranquila, reflexiva, sin exceso en el dramatismo. No estamos ante una cebolla, cosa que ocurre con frecuencia. No hay que tener miedo. Puede usted beber esta poesía que no quiere la grandilocuencia, sino el gesto sencillo (y afirmativo) de las historias de todos los días.
Hay más carne de lo que parece. Juan Carlos se queda, casi siempre, en la idea potencial, y otras veces ofrece sentencias. No necesita complicarse la vida. Dice las cosas como las siente y ese es su principal mérito. Estamos ante un libro sincero, sin medias vueltas ni medias verdades.
Pero muchas veces su sentir es solo un pensamiento, que no necesita desarrollarse porque se complace en las cosas pequeñas.
“Melania” o “Ángel” son dos buenos ejemplos. Tienen música, que a veces a Juan Carlos le cuesta. Pero nos sorprende con sus giros. Pero ante todo es pasar un buen rato, sin ambages. Por eso le recomiendo su lectura, sobre todo si no está acostumbrado a leer poesía.
Podrá ver que no todo es sombra alambicada, que es posible una poesía directa, entendible y sugerente, que supone una buena forma de iniciarse en este género y de degustar el ritmo de la versificación.
Sin duda, es un buen regalo para amigos y conocidos, que se lo agradecerán. Un Juan Carlos Carrero que es, como dice el título, “Prisionero de sus zapatos”.
74 páginas